Para conectar con lo que decía antes sobre la incertidumbre, quisiera contar la anécdota de cómo empecé a hacer esta película.
Hace unos tres años tenía muchas ganas de empezar una película, sin saber exactamente qué; era más una pulsión. Hablé con Juan Lugo (actor protagonista) y con Mauricio Reyes (director de fotografía), ambos colaboradores habituales de mis proyectos anteriores, y les conté que tenía un pequeño presupuesto para empezar a hacer una película. Por esos días, Juan Lugo se había mudado a vivir a Francia y pensé que sería divertido empezar a rodar la película allá y buscar alguna excusa para que el personaje tuviera que viajar a Co- lombia y hacer una segunda parte del rodaje en Medellín.
Viajé a Toulouse con Mauro Reyes durante tres semanas, con una cámara y un traje de cura que finalmente no se usó, pero que nos dio un camino a seguir. Cuando estábamos en el aeropuerto de París nos dio un ataque de risa porque no teníamos idea de qué íbamos a rodar en Francia, pero yo tenía una certeza: nosotros tres, juntos con una cámara, no tenía por qué salir mal. Hicimos una semana de lo- caciones y también encontramos algunas personas que tenían ganas de actuar. Esa primera parte del rodaje sentó las bases para lo que sería el rodaje en Medellín: un personaje principal interactuando con otros.
El trabajo de un actor es ser natural, y eso muchas veces es algo que la academia anula en las personas con formación. Por ello, la au- tenticidad no la busco en si tienen o no formación, sino en algo más etéreo y energético; algo que está en la mirada de la persona. No busco un gran despliegue dramatúrgico, sino presencia y sutileza en el tono. Además, creo que un modelo de producción compacto ayuda a que las personas que interpretan un personaje se sientan más cómodas, más "naturales”.