El Arte de Jugar.
“Creo que lo que realmente me impulsa, es la fricción entre lo que siento y no sé cómo nombrar, explicar o acomodar. Encuentro mucha riqueza en habitar el sentir y crear desde ahí: desde el cuerpo, desde las entrañas, más que desde la mente. Como una meditación en movimiento. Conecto con mayor profundidad y honestidad. Me hace sentir libre.”
— Macarena Medel. Ciudad de México.
1- ¿Cómo describirías tu estilo y cómo ha evolucionado con el tiempo?
Más que una estética definida, diría que mi “estilo” tiene que ver con cómo me acerco a la creación. No busco resolver la plástica de una única forma: no hay bocetos ni resultados predeterminados.
Me permito experimentar abiertamente, jugar y descubrir entre las capas y pinceladas. Mi camino fue inicialmente autodidacta, atraída por lo figurativo y el detalle. En la carrera, a pesar de una formación tradicional, encontré un gran placer en romper con lo aprendido y en explorar una voz propia, donde la imagen no estuviera del todo resuelta.
Hoy tengo una fuerte afinidad con la abstracción y el color, lenguajes que me permiten decir lo que no necesariamente se puede explicar, pero sí sentir y expresar.
2- ¿Qué materiales o técnicas prefieres usar y por qué?
Siempre he creído que los materiales tienen personalidad. Hablando de la pintura, suelo elegir el medio según lo que quiero comunicar: la acuarela es ligera y delicada; el acrílico, rápido y determinante; el óleo, profundo y apasionado. El óleo pastel, una de mis herramientas favoritas, tiene la intensidad del óleo y la espontaneidad casi infantil de una crayola.
Trabajo con técnicas mixtas y materiales no convencionales. Puedo usar desde un trapeador para crear veladuras, hasta una chamarra como soporte. Mis pinceles rara vez conservan su forma original: los corto o modifico según el trazo que busco. Me interesa que las herramientas se ajusten al gesto, no al revés.
3- Qué desafíos enfrentas como artista y cómo los superas?
Quizá hoy el mayor reto no es crear, sino hacerlo en un mundo que no reconoce pausas. Un sistema que avanza más rápido, de lo que en mi opinión, el cuerpo y la mente humana pueden sostener. Que exige inmediatez, eficiencia cuantificable, rendimientos, hiperconectividad... pero ignora la magia de los procesos.
El arte, como la naturaleza, necesita ciclos: sembrar, regar y esperar. No todo es cosecha. Detenerse a observar o descansar se ha vuelto un privilegio... un acto de rebeldía. No tengo una solución. Elijo seguir, crear aún con dudas. Volver al origen: al por qué lo hacemos. Trato de regular esa sensación de insuficiencia y síndrome del impostor cuando aparece.
Elegir, una y otra vez, el ritmo de lo que soy.
